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Una explanada de terreno en mitad de un campo de cultivo no es nadie para detener el sonido de mil tambores a ritmo de nadie. El sonido sale disparado hacia el infinito hasta que topa con algún obstáculo. Por eso después de más de cuatro horas sin que nadie tocara empezaron a venir vecinos de la ciudad preguntando quién era el responsable de ese ruido, nuestra respuesta fue sencilla: Ningú.
Gracias a Quiet Management
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